Las puestas de sol sobre el horizonte de la mansa, las olas en la brava, las fiestas y el glamour son apenas el escenario para que brille la gastronomía, estrella indiscutida del 2015 en Punta del Este. Este verano cada chef es una celebridad y sus platos, revelaciones de las nuevas tendencias de la región.

Para conocer lo más auténtico de la comida uruguaya hay que visitar Macachín, en Maldonado. Este restaurante a cargo del chef Adrian Orio se encarga de rescatar los sabores naturales de los productos locales. Bajo el lema comida uruguaya creativa, Orio elabora el menú en base a los elementos frescos que consigue de los productores locales. Su talento destella en platos como el choclo hervido con helado de aceite de oliva o en la pesca del día a la tablita, de una delicadeza exquisita. Al final, el equilibrio de dulzura y acidez encarna en el omelette surprise relleno de helado casero de mandarina y bufiá, sobre un pionono de gofio con salsa de Vino tannat –la variedad de uva típica del país– chocolate y aceite de oliva.

En el podio de la tradición Lo de Tere es el especialista en productos de mar desde 1993. Ubicado en pleno Puerto con vista a la Isla Gorriti y a la bahía de Maldonado conserva la decoración de los años 40, época dorada del balneario. Cada uno de sus cuatro salones luce un ambiente bien diferente para elegir también el entorno perfecto para disfrutar la comida y los vinos de alta gama que lo caracterizan. En este restaurante se puede encontrar lo mejor de los productos regionales como el camarón de la zona de Valizas, el cangrejo de Lagunas de Rocha, el cordero de pasturas saladas o el exquisito salmón blanco del Atlántico.

Con un estilo gastronómico propio, La Barra es la zona más informal, artística y chic de Punta del Este. Cocina sofisticada en ambientes descontracturados y platos gourmet para foodies. Entre los preferidos se destaca Sipan, el lugar que consigue reinterpretar la cocina peruana. Con su característica entrada rústica de puertas de madera y un interior de colores estridentes anuncia el mejor ceviche de la costa esteña. Para prepararse a uno mixto de mariscos o a un chupe de camarones es ideal primero saborear el trago de pisco y maracuyá.

Otro favorito del lugar es Cactus y Pescados, con un deck a metros del mar que se abre al océano y anticipa su especialidad: los camarones a la calabaza con salsa a base de champán y la brótola con papas grillé y mejillones.

Tan íntimo como inspirador, El Abrazo es un restaurante pensado como si fuera una casa de puertas abiertas. Mesas rústicas sobre la arena por afuera y elegancia en el interior, apenas 50 cubiertos, platos frescos y originales son parte esencial de la propuesta del lugar. De la cocina a cargo del chef Federico Gasparri sale un delicioso el pulpo a la parrilla con papas doradas, mango y pimentón y la lasaña de cangrejo siri y pez espada con olivas, berenjenas y pesto de tomates secos. Para un final dulce que no empalaga resultan memorables las frutillas al aceto con pimienta rosa y pastelera de cedrón.

A unos 15 minutos de camino siguiendo la costa del mar aparece el pueblo de José Ignacio, un rincón parecido al paraíso escondido entre callecitas arboladas y médanos. En esta especie de refugio alejado del vaivén de la vida moderna se esconden dos chefs que elevaron el concepto de la comida natural.

A esta altura ya no es un secreto, La Huella es uno de los lugares más exclusivos de Sudamérica. Su estrella es Alejandro Morales, el chef elegido por la prestigiosa Latin America’s 50 Best Restaurantes entre los mejores 10 de la región. Mas allá de cualquier moda, la cocina de Morales es el resultado de años de experimentación. “En La Huella somos radicales con la simplicidad. Mi pretensión máxima sería que la cocina que hago se vea como algo atemporal, que quede fuera de las modas y pueda estar en cualquier época”, cuenta el chef.

Dejarse llevar por el sonido del mar, sentados casi sobre la arena blanca de José Ignacio, es el marco ideal para degustar los mariscos a la sartén, la tarta de cebollas o la corvina a las brasas, las especialidades de Morales. A la hora del dulce la repostería está a cargo de Florencia Courrèges y sigue la línea simple de la comida, austera en cantidad de ingredientes y decoración, resaltando el sabor de cada una de sus creaciones.

Muy cerca, a metros de la playa en medio de glicinas se esconde Mostrador Santa Teresita, del chef Fernando Trocca. Aquí la idea también es destacar los sabores naturales y la propuesta es novedosa: un buffet casi vegetariano donde se puede optar entre un plato grande o chico con una porción de proteínas, que puede ser salmón con un toque de curry al horno de barro o pollo espaciado de un color irresistible y elegir entre una variedad de ensaladas desplegadas como un manjar de reyes sobre una mesada de madera. Entre las opciones sobresalen un cous cous sublime con vegetales, un arroz negro tropical, palta, papines de la región, las lentejas y la selección de vegetales horneados y sazonados con la mano inconfundible de Trocca.

Cerca de Punta Ballenas, a metros de Portezuelo, la playa donde se recuesta el sol a dormir abre su jardín Medio y Medio, el restaurante y Club de jazz que lleva más de 10 años deleitando con sabores y sonidos a todo el que lo visite. En medio de un jardín, las mesas y sombrillas invitan a comer bajo las estrellas. Aquí es posible escapar de las multitudes, el ruido y las fiestas y dejarse llevar por el ritmo del jazz. Muy recomendables los chipirones a la plancha salteados con aceite de oliva, con cebollitas glaseadas, ajo y perejil y crepes de queso y puerro. Imperdibles los postres, especialmente la torta helada con capas de dulce de leche, chocolate y confituras.

En Punta del Este la tendencia de construir sensaciones a través de los sabores unida a la búsqueda de la esencia de productos naturales hace que el placer básico de toda comida se transforme en una experiencia tan auténtica como encantadora.

Fuente: El Nuevo Herald